domingo, 26 de julio de 2009

Bienvenido a la supramúsica.

En primer lugar aparece un hombre que habla en inglés, toca tres canciones que suman una hora de tiempo y se marcha. "Te aplauden porque te vas, que eres malísimo, vete ya a la mierda, hombre ya".

En segundo y probablemente último lugar aparecen cinco o seis músicos. "Buenas noches". Comienza la música. La luz es azul. Nadie canta, solo hay guitarras, teclado y batería. El bajo apenas se mueve, y la eléctrica parece estar practicando sexo. Poco a poco la sala va cayendo en una espiral de vértigos y pensamientos. Yo pienso más rápido, recuerdo que se me había olvidado cómo es la inspiración que nace en los conciertos. Parece que aquél día, desde las 00.00 hasta las 24.00 horas, estaba hecho para despertar. "No existe un todo sino diferentes partes".

Una mujer sale de atrás y baila con un micrófono. Cuando hay más ruido ella se dedica a cantar. Está besando el micrófono, agarra con ambas manos el plástico que atrapa su voz. Besa con sus labios la membrana del micrófono, con su voz. Calla. Y baila con el micrófono. La guitarra eléctrica sigue practicando sexo y el batería cuadra el ritmo casi a la perfección. La chica, la mujer, vuelve a cantar. Coge el micro entra las manos y vuelve a besar el micro, la música. Siento que me besa a mi también, en los oídos, con su voz. Vuelve a bailar y todo termina, comienza otra canción.

Yo acierto a pensar en otros lugares, otras personas. Echo de menos a una, dos, tres y cuatro. Al fin y al cabo soy humano. El concierto sigue y va restando tiempo. Muchas canciones me parecen iguales, pero no importa, sé que no lo son. "Pienso en esas cosas porque se ven con tanta naturalidad que parece que no son normales". Una chica en silla de ruedas en mitad del pasillo. Vuelvo a recordar el sentido de otras historias y de la mía propia. Los pelos de punta, me acuerdo de Pablo. La música suena y suena y no quiere parar. De repente se alargan los tempos. La guitarra eléctrica entra en éxtasis. Suena un violín que quiere parecerse a "La Dispute", pero hay mucho ruido de guitarras. Una flauta, un solo de batería y todo se acabó. Yann Tiersen se dirige a la sala en silencio, tan en silencio que se puede escuchar el zumbido de los altavoces. Consciente de que una palabra suya puede resonar al otro lado del mundo, en la región más oscura de nuestra alma, susurra dos palabras con una voz que viene de las cavernas. "Muchas gracias". Se va, agradecido, el dueño de la Supramúsica, aquel que no hace lo que la gente espera.

lunes, 6 de julio de 2009

La sombra de los moais.

Música que cabalga por la partitura.

No pude evitar acordarme de ti. Aunque el sueño me abordara.

No pude evitar acordarme de la playa, la sombrilla, la gasolina. El calor.

No pude evitar acordarme de tus palabras y mis textos, esos que te resultaban imposibles. El camino del Atabal, la noche. Iván Ferreiro. La nostalgia me pudo y eso que no suelo sentir. Resultó que me descubriste nuevos ojos y unas pestañas que no sabía ver. Resultó que las estupideces me parecieron dóciles, las mujeres de otra forma y la seguridad no tan segura. En el preludio de todo esto supe siempre esta historia. Lo que ocurre es que no sabía cuando escribir el final. Porque no creo que tuviésemos principio ni desarrollo. Solo un final. Un final que empazaba alto, algo que ya me ha ocurrido otras veces. Cuanto estoy aquí siempre me creo un enfermo."Después vinieron esas nubes, la lluvia que yo anunciaba cuando el mundo era posible". Una ilusión y cientos de cristales que no supieron donde caer.

"El fin de esta vida viene", me dijiste mientras hacías las maletas. Yo volvía a la inopia, a las carreteras de mi corazón que me quieren llevar al mundo real. Volvía a no sentir lo que ya había sentido antes. Los picapedreros haciendo otros caminos posibles, sueños nuevos, música que no quiere acabar. "Me has salvado el verano". Y tú a mi de la vida, la vida fugaz de dos meses.

Tierra y agua que ahora son flores. No pude evitar encontrarme contigo.

viernes, 22 de mayo de 2009

Cuando suena Miles Davis. (I)

La política es un niño caprichoso que sólo habla de juguetes y nunca juega con ellos.

martes, 12 de mayo de 2009

Guitarra.

Para mi significa asfalto. Carretera, soledad. Se dejaba llevar por ti. Cada uno su razón. Se fue parte de una poesía, la parte creativa. Ya no habrá más canciones de Antonio Vega. Las que están, sólo.

Siempre me pareció que al salir al escenario, al hablar en las canciones, había un toque de libertad. Como si viniese de una lejana batalla, a descansar y todo aquéllo fuese un alivio, los conciertos, componer. Siempre me dio la impresión de que venía de otro mundo, otra parte, una guerra que no alcanzaba a comprender. Él mismo. Porque Antonio se perdía en su mundo y a veces se olvidaba de salir.

Todo ello quedaba reflejado en unos ricos poemas que con poco quieren decir mucho. Unos océanos de sol, una desordenada habitación. Fuiste un carraspeo de guitarra y un soplo de aire fresco en los veranos. La emoción en Caótica Ana y un eterno equilibrio entre el temor y el amor que hoy han puesto un punto y a parte en la manera de hacer música.

Descansa de la ansiedad, descansa de la lucha de gigantes.

lunes, 11 de mayo de 2009

Cine.

No creo que tenga potestad, ni cultura suficiente como para poder juzgar el cine. Intento ver una película después de que alguien me la recomiende o cuando me convence una sinopsis, una crítica de internet. Y de lo poco que he visto, de lo poco que sé, el cine, el gran cine (de Ford, Hitchkov, de Marlon Brando o Boggart) se durmió hace algún tiempo. Hoy Garci ha dicho que ese sueño comenzó con El Padrino II. Y que desde entonces las obras maestras no han vuelto a dar señales de vida.

Probablemente el cine, el "gran cine" que hoy se busca poco o nada tenga que ver con el cine que antes se buscaba. Creo que ahora las películas se han perdido en planos magistrales, escenas inverosímiles, efectos especiales difíciles de imaginar hace un tiempo. Puede que el cine de hoy día se haya perdido en los colores, la calidad de imagen y sonido y haya dejado de lado lo que realmente importa: la historia que se cuenta. Se olvidaron los maestros del cine de las sombras de los personajes. Los dobles sentidos, los juegos de palabras. Los personajes atormentados, la esencia del buen actor. Una vez escuché que hay dos clases de actores: los que se adaptan al guión y a los que se adapta el guión. Ahora se busca el aplauso, la risa, la emoción fácil. No se entiende la historia cocida a fuego lento que se vive en Casablanca: puede que hoy la película no le durase más de cuarenta minutos a los guionistas. Ni los espectadores capaces de verla...


Eso sí, tampoco creo que todo sea tan drástico, hay cine para todos, y buenas obras después de los 70. No voy a arrebatar la afirmación de Garci, pero para mi gusto hay vida, obras "medianas" (al menos) después de la década de los 70. Blade Runner (mágico futuro ideado por Ridley Scott), Sin perdón (Clint Eastwood y su western crepuscular), Taxi driver entre algunas otras merecen una excepción, un asterisco en la historia del cine, por muy humilde que sea. Aún así siempre tengo la sensación de que no he visto aún la película de mi vida y que, probablemente por la pereza u otra torpe excusa, no la vea nunca. Bien porque no sea conocida y no sepa buscarla en condiciones o porque me pierda en mi camino y no sepa llegar a ella.

En cualquier caso un tema que invita a pensar. Y en estos casos siempre llego al mismo lugar. El dinero no compra la maestría, duerme la genialidad y pudre todo cuanto el ser humano quiere.

domingo, 10 de mayo de 2009

Tiempo.

"No intentes ser mejor que nadie, procura ser mejor que tú mismo".

Entre Faulkner, Borges, Galeano, Joyce, Onetti, Benedetti, esa extraña manera de sentir el páramo y la soledad con gozo, conseguirán arrancarme, en un tiempo aún por llegar, el poema que aún no he sabido/podido escribir.

http://www.youtube.com/watch?v=9SuMYFNbmd8&feature=fvsr

viernes, 8 de mayo de 2009

Por la duda.

Alzemos una copa por la duda. Aunque no tengamos champán ni copa. Y brindo por la duda porque tengo mis serias dudas de que esto llegue a algún lugar. O que continúe a partir de esta primera entrada.

Algunas veces cuando tengo una cita con alguien que hace mucho tiempo que no veo, temo no reconocerla en el lugar de encuentro. Que el tiempo y mis ensoñaciones hayan convertido su rostro en una hipérbole de la realidad, un boceto picassiano. Lo temo una y mil veces. Lo mismo me ocurre con los textos que a veces imagino, lo mismo me ocurre con las frases, personajes y pasajes de un posible párrafo o anécdota. Temo que al llegar al papel en blanco (o pantalla del ordenador) se me olviden por completo cual eran realmente la intención, el final, la esencia. La metáfora.

Menos mal que tengo suerte y casi siempre me suelen reconocer, algo aplicable al papel en blanco porque, aunque una metáfora se vaya, siempre que estuvo en mi mente vuelve volando como un pájaro que guiña desde un tendido eléctrico, o un limonero que crea gotas de sol a partir de agua, una y otra vez.